Raquero (Archivo Javier Ortega)

Raquero (Archivo Javier Ortega)

PRESENTACIÓN DEL BLOG:

"Síguela, que es buena,

síguela, que es mala,

síguela, que tiene

pelos en la cara."




Según Esteban Polidura Gómez, esta coplilla la celebraban los raqueros de Santander a despecho de la contrariada autoridad municipal, allá por 1864, cuando aquel escritor contaba unos doce años, y Pereda daba a la imprenta sus Escenas Montañesas.



Tomo ahora prestado el primer verso para iniciar la singladura de este blog, que debe tener contenidos educativos, relacionados con la Lengua castellana y su Literatura.



Espero que sea del gusto del lector, que en él se propongan enseñanzas motivadoras, útiles y edificantes, y que se nutra de la aportación de todos los interesados en estos temas.



Muchas gracias a todos/-as por hacerle un pelín de caso.



¡Adelante, pasen sin llamar!
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miércoles, 13 de noviembre de 2019

"Una tragedia silenciosa", por Luis Rojas Marcos.


Hay una tragedia silenciosa que se está desarrollando hoy por hoy en nuestros hogares, y concierne a nuestras más preciosas joyas: nuestros hijos. ¡Nuestros hijos están en un estado emocional devastador! En los últimos 15 años, los investigadores nos han regalado estadísticas cada vez más alarmantes sobre un aumento agudo y constante de enfermedad mental infantil que ahora está alcanzando proporciones epidémicas:
Las estadísticas no mienten:
• 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental
• Se ha notado un aumento del 43% en el TDAH
• Se ha notado un aumento del 37% en la depresión adolescente
• Se ha notado un aumento del 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años

¿Qué es lo que está pasando y qué estamos haciendo mal?
Los niños de hoy están siendo sobre-estimulados y sobre-regalados de objetos materiales, pero están privados de los fundamentos de una infancia sana, tales como:
• Padres emocionalmente disponibles
• Limites claramente definidos
• Responsabilidades
• Nutrición equilibrada y un sueño adecuado
• Movimiento en general pero especialmente al aire libre
• Juego creativo, interacción social, oportunidades de juego no estructurados y espacios para el aburrimiento

En cambio, estos últimos años se los ha llenado a los niños de:
• Padres distraídos digitalmente
• Padres indulgentes y permisivos que dejan que los niños "gobiernen el mundo" y sean quienes pongan las reglas
• Un sentido de derecho, de merecerlo todo sin ganárselo o ser responsable de obtenerlo
• Sueño inadecuado y nutrición desequilibrada
• Un estilo de vida sedentario
• Estimulación sin fin, niñeras tecnológicas, gratificación instantánea y ausencia de momentos aburridos

¿Qué hacer?
Si queremos que nuestros hijos sean individuos felices y saludables, tenemos que despertar y volver a lo básico. ¡Todavía es posible! Muchas familias ven mejoras inmediatas luego de semanas de implementar las siguientes recomendaciones:

• Establezca límites y recuerde que usted es el capitán del barco. Sus hijos se sentirán más seguros al saber que usted tiene el control del timón.
• Ofrezca a los niños un estilo de vida equilibrado lleno de lo que los niños NECESITAN, no sólo de lo que QUIEREN. No tenga miedo de decir "no" a sus hijos si lo que quieren no es lo que necesitan.
• Proporcione alimentos nutritivos y limite la comida chatarra.
• Pase por lo menos una hora al día al aire libre haciendo actividades como: ciclismo, caminata, pesca, observación de aves / insectos
• Disfrute de una cena familiar diaria sin teléfonos inteligentes o tecnología que los distraiga.
• Jueguen juegos de mesa como familia o si los niños son muy chiquitos para juegos de mesa, déjese llevar por sus intereses y permita que sean ellos quienes manden en el juego
• Involucre a sus hijos en alguna tarea o quehacer del hogar de acuerdo a su edad (doblar la ropa, ordenar los juguetes, colgar la ropa, desembalar los víveres, poner la mesa, dar de comer al perro etc.)
• Implemente una rutina de sueño consistente para asegurar que su hijo duerma lo suficiente. Los horarios serán aún más importantes para los niños de edad escolar.
• Enseñar responsabilidad e independencia. No los proteja en exceso contra toda frustración o toda equivocación. Equivocarse les ayudará a desarrollar resiliencia y aprenderán a superar los desafíos de la vida,
• No cargue la mochila de sus hijos, no lleve sus mochilas, no les lleve la tarea que se olvidaron, no les pele los plátanos ni les pele las naranjas si lo pueden hacer por sí solos (4-5 años). En vez de darles el pez, enséñeles a pescar.
• Enséñeles a esperar y a retrasar la gratificación.
• Proporcione oportunidades para el "aburrimiento", ya que el aburrimiento es el momento en que la creatividad despierta. No se sienta responsable de mantener siempre a los niños entretenidos.
• No use la tecnología como una cura para el aburrimiento, ni lo ofrezca al primer segundo de inactividad.
• Evite el uso de la tecnología durante las comidas, en automóviles, restaurantes, centros comerciales. Utilice estos momentos como oportunidades para socializar entrenando así a los cerebros a saber funcionar cuando estén en modo: "aburrimiento"
• Ayúdeles a crear un "frasco del aburrimiento" con ideas de actividades para cuando están aburridos.
• Esté emocionalmente disponible para conectarse con los niños y enseñarles auto-regulación y habilidades sociales:
• Apague los teléfonos por la noche cuando los niños tengan que ir a la cama para evitar la distracción digital.
• Conviértase en un regulador o entrenador emocional de sus hijos. Enséñeles a reconocer y a gestionar sus propias frustraciones e ira.
• Enséñeles a saludar, a tomar turnos, a compartir sin quedarse sin nada, a decir gracias y por favor, a reconocer el error y disculparse (no los obligue), sea modelo de todos esos valores que inculca.
• Conéctese emocionalmente - sonría, abrace, bese, cosquillee, lea, baile, salte, juegue o gatee con ellos.

Te agradezco si lo compartes.
Artículo escrito por el Dr. Luis Rojas Marcos, Psiquiatra.

martes, 6 de febrero de 2018

Aumentan las agresiones a profesores.

En los últimos tiempos, el colectivo de docentes estamos sufriendo un aumento de las hostilidades contra nosotros, como si por parte de los alumnos y de las propias familias fuéramos el enemigo a vencer.

Se olvida que estamos reconocidos como autoridad pública, con nuestra presunción de veracidad ante los hechos.

Es lamentable que, dejándose llevar por la corriente de la inacción y la apatía, por la carencia de valores éticos y morales fundamentales, por la pérdida o ausencia de referentes positivos, la sociedad deje su Educación a la deriva, y a la sola vigilancia / responsabilidad de los profesores, la mayoría de los cuales se ven seriamente comprometidos con su trabajo y recibiendo escasas ayudas externas.

El panorama político, desolador, corrompido, irreconciliable, con una judicatura a veces muy subalterna de sus intereses, y no del esclarecimiento de la verdad ni del correcto y absoluto cumplimiento de la Ley, propicia, en suma, que la sociedad no crea en valores constructivos. La consigna del "Todo vale (que no me va a pasar nada)" cunde por doquier. El trampeo, el falseo y la sensación de que el honrado pierde siempre, nos están llevando a una total ausencia de credibilidad en un mundo medianamente reglado y con expectativas de futuro. 
Honradez y sensatez.

Se habla tanto de cambiar la Constitución, cuando nunca se ha aplicado ni cumplido por entero. Que el poder ejecutivo y la oposición empiecen por respetarla y objetivarla, para que se viva en una España edificante.

El problema de la Educación siempre ha sido, y lo continúa siendo, de índole y de alcance social. No es posible desentenderse o mirar para otro lado. Tampoco arrojar una piedra y esconder la mano.


Los sindicatos relacionados con el sector educativo deberían clamar por la depuración de responsabilidades, a todos los niveles: social, parental, político, administrativo. Los docentes deben ser tratados con equidad, pero también la clase política y la sociedad en su conjunto han de aceptar y asumir la parte que les afecta. Hasta que no se sea consciente de ello, la deriva seguirá y los malos vientos continuarán arreciando.

Es, por otro lado, hiriente, sangrante y penoso que jóvenes formados en universidades españolas deban marchar al extranjero, como única alternativa para poder encontrar un empleo digno, medianamente estable y adecuadamente remunerado. Y que los demás jóvenes, con otra preparación igualmente meritoria, tengan que refugiarse en casa de sus padres porque no encuentran nada provechoso.

Remar en la lancha por un objetivo bueno, general y concreto. ¡Sús y adentro! Sobrevivir, sobreponerse a la tempestad, y derrotarla con la fuerza de un sol cálido y brillante.



jueves, 21 de abril de 2016

La Educación, según Ciudadanos, en el Parlamento.


Marta Rivera, de "Ciudadanos" habla sobre Educación en el Congreso:




Bonita la intervención y con muy legítimas y necesarias razones. Pero hace falta INVERTIR EN RECURSOS, sobre todo, humanos, para conseguir ese progreso educativo. Más profesores --no solo mejor formados-- y menos alumnos por profesor. Si se desea la atención individualizada, e intentar favorecer a los alumnos con dificultades de aprendizaje, no se puede tener a treinta o más en un aula. En los países europeos con mayor éxito educativo, los alumnos no pasan de quince por grupo. Asimismo, hay que empezar a ofrecer alternativas serias al currículum oficial a aquellos alumnos que, pese a todas las adaptaciones, prefieren seguir una incorporación laboral y profesional digna. Los centros escolares no pueden servir --como ahora pasa-- de "rediles" donde se trate de entretener o distraer a los adolescentes de la mejor manera posible. La escuela es un lugar de formación de la persona y, sobre todo, de aprendizaje, no una guardería. Y es inevitable que los padres --pese a todas sus vicisitudes-- se comprometan seriamente en la labor educativa que afecta a sus hijos. No se puede "delegar en", sino que hay que responsabilizarse del ser y saber estar y hacer de los hijos. En la medida en que, con esfuerzo, se pueda.

lunes, 15 de febrero de 2016

Universidad de Oxford: así funciona.


"ABC" desvela el funcionamiento de una de las Universidades más antiguas y prestigiosas del mundo. Oxford, en parte estatal, en parte privada, es un conjunto de colegios universitarios, dotado cada uno con su propia biblioteca, y sus profesores-tutores.



Cada tutor enseña solo a cuatro alumnos. Pocas lecciones magistrales y sí mucho trabajo individual, de tipo documental. Cada estudiante ha de elaborar trabajos de investigación personales, que luego ha de poder y saber defender ante expertos. Los alumnos pasan horas en sus magníficas bibliotecas, leyendo y tomando notas, que habrán de ser la base de sus argumentos. Se valora la iniciativa, el raciocinio autónomo, la innovación. No hay exámenes. Únicamente los de final de grado.

Grandes figuras de la Política, las Ciencias y las Humanidades se han formado en Oxford. Un titulado por esta Universidad --aun cuando sea en Letras-- es contratado por las grandes compañías en menos de seis meses.
Así funciona la Universidad de Oxford.

lunes, 8 de febrero de 2016

Acoso escolar.


El acoso escolar, otro mal endémico de muchas sociedades, ha vuelto a saltar a los medios por el muy lamentable suicidio del niño Diego González. Hay quien lo trivializa, y lo atribuye a otras causas --como cierto médico forense--. Y sí, puede que se hayan dado varios factores, y no solamente los educativos. Pero es indudable que se están produciendo casos serios, graves, que a veces se resuelven malamente con el traslado de la víctima --no de los acosadores-- a otro centro escolar.

Peleas, pugnas y rivalidades en los colegios siempre las ha habido. El hábito de poner motes a los profesores o incluso a otros alumnos, también. Los niños llegan a ser muy crueles y desconsiderados en ocasiones. Pero, en los centros educativos, ¿debe dejarse que impere la teoría darwinista de la selección natural, la de la ley del más fuerte? ¿Tienen que conseguir todos los niños aprender a defenderse a sí mismos, únicamente por sus propios medios? Si en la sociedad adulta, nadie camina por la calle con un colt al cinto, y hay restricciones en beneficio del respeto a los demás, con más razón, si cabe, en el ámbito diario de aquellos que se están formando, que necesitan que se les marquen unos límites que posibiliten una buena convivencia, dentro y fuera del colegio. Los niños han de asimilar la dimensión humana de las personas, lo que las distingue de los depredadores asilvestrados.

Os pongo el enlace a este interesante reportaje de "El Mundo", que clarifica bastante las características del acoso escolar:

domingo, 26 de octubre de 2014

No tienen perdón de Dios.

La Fundación Canal presenta estos días, y hasta el 5 de enero de 2015, en su sede de Mateo Inurria 2 (Madrid), una exposición imprescindible: Caminos a la escuela. 18 historias de superación. Antesala de un próximo largometraje documental, que se estrenará en diciembre de este año, es sencillamente ineludible si queremos despertar al mundo, a menudo terrible, en que vivimos. Porque mientras en el Primer Mundo se puede decir que aún vivimos, en muchos otros lugares de la Tierra, solo sobreviven.


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sábado, 8 de junio de 2013

Sobre Educación y Cultura.


Antonio Ángel Usábel, Esperanza Aguirre, Luis María Ansón, Fernando García de Cortázar, Arturo Pérez-Reverte, Juan Manuel de Prada, Olegario González de Cardedal, y otros autores, reflexionan sobre aspectos relacionados con la Educación y la Cultura en nuestra España de hoy.


Selección de artículos.

viernes, 26 de abril de 2013

Una paciencia infinita.


El 31 de octubre de 2012 se estrenó en España una interesante producción Golem / Paper Street Films que pasó desapercibida: El profesor (Tony Kaye, 2011). Su título original es Detachment, que podemos traducir como ‘indiferencia’, ya que al comienzo de la película se introduce una cita de Albert Camus que apunta hacia ese significado: “Jamás había sentido a la vez tal profunda indiferencia de mí mismo y mi presencia en el mundo”. Eso es lo que siente Henry Barthes (Adrien Brody), un profesor interino que nunca permanece en ningún centro en particular. Cuando conoce la escuela y a sus alumnos, se marcha, va a otro sitio, y vuelta a empezar en este interminable proceso de Sísifo en que se ha convertido ser enseñante. No es, ciertamente, una huida; es la búsqueda de otra realidad más complaciente.

El filme del londinense Tony Kaye –responsable también de American History X (1998)—incide sobre todo en la realidad oculta de los laberintos del ser. Cada uno de esos docentes oculta y sobrelleva su drama personal, su desestabilización, a menudo provocada por las fuertes tensiones que tienen que vivir en su trabajo. El profesor nos habla de un sistema que se ha derrumbado hace tiempo, como la famosa Casa Usher de Poe, ante el abandono e indiferencia de la sociedad. La mala educación que se trasluce en el filme no es sino proyección de una descomposición general de una ética y unos valores, que antaño permitían construir sobre roca. Ahora de ello no queda nada, por lo menos entre las clases bajas más castigadas. La cultura, el interés por aprender y formarse, se va diluyendo piramidalmente, hasta casi no quedar resto cuando toca la base. Si los jóvenes no sienten hoy predisposición hacia unos valores culturales que se les hacen áridos y no les seducen, es en parte porque el colectivo en que viven no los promociona lo suficiente. No ven esos códigos a su alrededor, no oyen que abran puertas ni una esperanza de futuro. Al contrario, quien se esfuerza por aprenderlos bien, no tiene asegurado un puesto laboral. La economía de mercado no gestiona la contratación de un experto en manuscritos, ni en las obras de Shakespeare, y le importa un rábano quién descubrió las ruinas de Troya o de Pompeya. Eso no da dinero. En la vida solo cuenta ser un tipo listo, que no es igual que inteligente. El listo se acomoda a lo que venga, a la supervivencia, y a veces rebasa al empollón, cuyas horas de estudio agonizan en una biblioteca o en un cuarto lúgubre y soso.
Es así que esta sociedad despreocupada envía como una fuerza de choque a quienes se atreven a enseñar. Algunos, llegados a la docencia circunstancialmente, de casualidad, y en ella se quedaron, y murieron. Desde luego, si no se tiene vocación, se arde pronto, y aun teniéndola, se exige más paciencia y templanza que el santo Job. Estas cualidades son las que ha desarrollado el Sr. Barthes, protagonista del filme de Kaye: de nada sirve enfrentarse a un grupo de vándalos a los que tienes que soportar estoicamente día tras día, mes tras mes. Se necesita, además de “mano izquierda”, capacidad de aguante, de resistencia moral: que te resbalen los insultos, los motes, los comentarios fuera de tono y lugar, dichos en tu cara. Hay que entrar en el aula vistiendo un impermeable, hasta que los cabecillas rebeldes se cansen y se serenen un poco. Que vean que no pueden con uno, y que el profesor, en vez de responder a las agresiones verbales y malos gestos con otros parecidos, establece un diálogo y tiende su mano. El profesor no es el enemigo, sino el aliado, en la medida en que no está allí para confraternizar en familia, sino para ayudar profesionalmente, para asistir al que lo necesita. Lo importante es dejarse ayudar, y algunos chicos suelen responder bien cuando sienten que no se les devuelve el golpe. Profesor y alumno rebelde deben darse una oportunidad mutua.


 Una vez que se llega a cierto entendimiento –pese a no poder nunca bajar la guardia—, que se puede contar con una tregua, ya que no con el soñado armisticio, hay que trabajar con el grupo. Como dice un colega mío –y dice bien--, antes el profesor era el que marcaba el ritmo de trabajo; ahora son ellos quienes lo marcan. La batuta directora ha cambiado de mano. La administración educativa suele pedir a los profesores que acomoden el nivel de las enseñanzas a la idiosincrasia de sus alumnos. La “atención a la diversidad” –hacia aquellos que querían pero no podían—ha pasado a ser “claudicación a la generalidad”, donde se opera bajo mínimos. Por lo menos, en una escuela pública como la de la película. La administración intenta que la nave no se hunda aunque haga aguas por todo el casco. Hay que seguir sin fuerza motora, sin velas incluso, a puros bíceps, bogando. Se tiene que guardar a los chicos en el redil, y al mismo tiempo justificar unas calificaciones, refracción de un bagaje ficticio.
El guion de Carl Lund introduce una mordaz secuencia donde un empresario especializado en la venta de material pedagógico reúne al equipo docente en el salón de actos. No se crean que su método busca formar mejores personas, no. Lo que le importa es que mejore la depauperada fama del instituto para que se corra la voz y se revaloricen las manzanas de casas aledañas a la escuela. Si aumenta el nivel, vendrán más familias, y las viviendas subirán su precio al crecer también la demanda para ocuparlas. Así funciona el mercado: como un gancho de matarife o una guadañeta.
A los alumnos díscolos se les puede desactivar de dos maneras sin echarlos del aula: con la templanza, entendida esta como ‘moderación’ y ‘continencia’, demostrada por el Sr. Barthes en su presentación a la clase; o como un artificiero, neutralizando el explosivo, que es la táctica humorística escogida por otro educador, el Sr. Charles Seaboldt, cuando ladra cual perro que le ladra a él, hasta desconcertar al animal. Veamos estas dos formas tácticas de demostrar empatía:
 



Como comprobamos, Barthes aguanta invectivas contra él, pero no tolera las agresiones contra compañeros de clase. Inmediatamente expulsa al chico que insulta a otra alumna. Y que se vaya donde quiera este elemento. O que no vuelva.
Decíamos al principio que El profesor muestra el interior del infierno pero que no se queda en él, pues prenden otros muchos fuegos en el espacio privado de los educadores. La directora del centro, crónica de una destitución anunciada, sufre de un matrimonio naufragado. El Sr. Seaboldt se atiborra de tranquilizantes. Los nervios de la orientadora no pueden más ante tanto fracaso. El mismo Sr. Barthes arrastra una infancia solitaria, golpeada por la reclusión y los abusos de su abuelo a su madre, quien acabó suicidándose. Kaye reproduce muy bien el sofocante laberinto de las Cárceles de la memoria, de Piranesi, en los sórdidos pasillos de una escuela. El nihilismo, la falta de bellas ilusiones en las que todavía creía ingenuamente el profesor Thackeray (Sidney Poitier) de Rebelión en las aulas (1967), se adueñan de estas torturadas vidas. Unos docentes que padecen la condena de los carceleros en un correccional. Días oscuros, grises, sin respuesta, en un invierno glacial. Días que traen a la chiquilla prostituida y a la alumna obesa sin autoestima, que elige el final de Cleopatra. La Educación ya es una historia de terror. La última secuencia de la cinta muestra a Barthes rodeado de un interior destruido, asolado por una hueste de vándalos: mesas, sillas, papeles, archivadores, libros, cuadernos, todo tirado por el suelo. Su destino. “No sé cómo sucedió; pero a la primera ojeada sobre el edificio, una sensación de insufrible tristeza penetró en mi espíritu (…) La simple casa, el simple paisaje característico de la posesión, los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos (…) Una completa depresión de alma que no puede compararse apropiadamente, entre las sensaciones terrestres, más que con ese ensueño posterior del opiómano, con esa amarga vuelta a la vida diaria, a la atroz caída del velo” (E. A. Poe, El hundimiento de la Casa de Usher).
 
 

domingo, 31 de marzo de 2013

Ignorancia esclava.


·   "Habiéndole uno encargado la instrucción de su hijo, el filósofo le pidió por ello quinientas dracmas, y diciendo aquél que con tal cantidad podía comprar un esclavo, le respondió Aristipo: "Cómpralo y tendrás dos".
 
 
 
 
 
(Diógenes Laercio, "Vidas de los más ilustres filósofos griegos", Libro II)






(De Rubén Romero Sánchez, Redactor Jefe de la Secc. de Cine de Culturamas)